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BlackRock disputa los megaproyectos de infraestructura de Sheinbaum y busca ampliar su presencia en México

BlackRock, Apollo, KKR y otras gestoras globales compiten por participar en el plan de infraestructura de Claudia Sheinbaum, valuado en 5.6 billones de pesos hacia 2030.

La carrera por financiar y operar la nueva infraestructura de México ya comenzó. Algunas de las mayores gestoras de activos del mundo buscan ganar terreno dentro del ambicioso programa de inversión promovido por la presidenta Claudia Sheinbaum, y BlackRock aparece como uno de los competidores más activos.

A través de Global Infrastructure Partners, su división especializada en infraestructura, la firma estadounidense busca participar en proyectos energéticos, eléctricos, portuarios, ferroviarios y logísticos respaldados por el Gobierno federal.

La oportunidad es considerable. El plan de infraestructura de la administración federal contempla inversiones por alrededor de 5.6 billones de pesos hasta 2030, una cifra que ha despertado el interés de fondos internacionales con capacidad para movilizar miles de millones de dólares.

Sin embargo, la disputa no será sencilla. BlackRock enfrenta la competencia de firmas como Apollo Global Management, KKR, Blackstone, Macquarie Asset Management y Copenhagen Infrastructure Partners, además de restricciones regulatorias, incertidumbre política y una cartera de proyectos que todavía no alcanza la escala esperada por los grandes inversionistas.

Larry Fink busca acercarse al Gobierno de México

El interés de BlackRock ha sido acompañado por una estrategia de acercamiento directo con el Gobierno mexicano.

Larry Fink, presidente y director ejecutivo de la firma, se reunió en abril con Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, acompañado por representantes de Global Infrastructure Partners. El encuentro estuvo centrado en las oportunidades abiertas por el programa federal de infraestructura.

Fue la segunda reunión de Fink con la mandataria desde el inicio de su administración, lo que refleja la importancia que México ha adquirido dentro de la estrategia regional de la gestora.

Posteriormente, Sergio Méndez, director de BlackRock en México, participó en reuniones con altos funcionarios y representantes de otras firmas para analizar posibles vehículos de inversión en infraestructura. En esas conversaciones también estuvieron presentes KKR, Blackstone, Macquarie, Mexico Infrastructure Partners y otras administradoras de capital.

La energía concentra el interés de los inversionistas

La estrategia de infraestructura del Gobierno federal ha colocado al sector energético como una de sus principales prioridades.

México necesita ampliar su capacidad de generación, fortalecer las redes eléctricas y garantizar el suministro de energía necesario para sostener la llegada de nuevas plantas, centros logísticos, parques industriales y proyectos vinculados con el nearshoring.

Esta necesidad ha abierto oportunidades para desarrolladores nacionales y extranjeros. En los últimos meses, empresas europeas, estadounidenses y mexicanas han comprometido inversiones en proyectos energéticos, en un ritmo que ya supera lo registrado durante la administración anterior.

BlackRock ya ha logrado avances. Atlas Renewable Energy, propiedad de Global Infrastructure Partners, fue seleccionada para desarrollar la planta solar Concepción Mendizábal, aunque los términos definitivos del proyecto todavía se encuentran en proceso de negociación.

La firma también mantiene participación en Saavi Energía, empresa adquirida por GIP en 2021. En 2026, Grupo México acordó adquirir el 70 por ciento de la compañía y fusionarla con sus operaciones eléctricas, mientras que BlackRock conservará el 30 por ciento restante.

La decisión de permanecer como accionista muestra que la administradora no busca una salida rápida, sino ampliar su presencia de largo plazo dentro del mercado energético mexicano.

Un déficit que también representa una oportunidad

El interés de las grandes gestoras tiene una explicación de fondo: México enfrenta un rezago importante en infraestructura energética.

La falta de inversión suficiente en generación y transmisión eléctrica ha elevado la presión sobre el sistema nacional, especialmente en regiones con crecimiento industrial acelerado.

Rosanety Barrios, exfuncionaria y exreguladora del sector, advirtió que el país enfrenta un déficit alarmante de infraestructura energética. Esa carencia representa un riesgo para la competitividad, pero también una oportunidad para compañías con experiencia y capital suficiente para desarrollar proyectos de gran escala.

BlackRock pretende aprovechar esa necesidad no solamente en generación eléctrica, sino también mediante adquisiciones de empresas y activos relacionados con el sector.

Las reglas energéticas limitan el margen privado

El potencial de inversión convive con restricciones importantes.

La legislación mexicana establece que la Comisión Federal de Electricidad debe conservar al menos el 54 por ciento de la capacidad de generación eléctrica del país. Este esquema busca garantizar el control estatal sobre un sector considerado estratégico.

Para los inversionistas privados, esa regla reduce el espacio disponible, limita la escala de algunos proyectos y obliga a diseñar modelos donde la participación empresarial se mantenga subordinada al control público.

La administración de Sheinbaum busca atraer inversión privada sin romper con el marco constitucional heredado del sexenio anterior. El resultado es un modelo híbrido: el Estado conserva la rectoría, mientras permite que el capital privado participe en proyectos previamente definidos como prioritarios.

Ese equilibrio será uno de los principales factores para determinar cuántos recursos internacionales llegarán realmente al país.

La reforma judicial también genera cautela

La infraestructura no es el único tema que preocupa a las administradoras globales.

La reforma constitucional que estableció la elección popular de jueces, magistrados y ministros ha generado dudas entre algunos inversionistas, quienes temen que el nuevo sistema pueda afectar la independencia judicial y la certeza jurídica de los proyectos.

Para fondos que invierten a plazos de 20 o 30 años, la estabilidad regulatoria y la capacidad de resolver controversias son factores fundamentales.

Un proyecto energético, portuario o ferroviario requiere grandes montos de capital y periodos largos de recuperación. Por ello, cualquier percepción de riesgo político, jurídico o regulatorio puede encarecer el financiamiento o retrasar las decisiones de inversión.

Apollo, KKR y Blackstone también quieren una parte

BlackRock no es la única gestora interesada en el programa mexicano.

Apollo Global Management ha señalado que podría invertir hasta 20 mil millones de dólares en México, incluyendo proyectos de infraestructura. KKR, Blackstone, Macquarie y Copenhagen Infrastructure Partners también han mantenido acercamientos con funcionarios federales.

La presencia de estas firmas revela que México sigue siendo considerado un mercado con alto potencial.

Su tamaño económico, cercanía con Estados Unidos, capacidad manufacturera y posición dentro de las cadenas norteamericanas de producción lo convierten en un destino atractivo para inversiones de largo plazo.

Sin embargo, las gestoras buscan proyectos de miles de millones de dólares que puedan generar rendimientos estables durante décadas. Hasta ahora, el Gobierno todavía no ha concretado suficientes iniciativas de esa magnitud. El Financiero

Puertos y ferrocarriles, la siguiente frontera

Además de la electricidad, BlackRock también observa oportunidades en infraestructura logística.

La firma está interesada en plataformas relacionadas con puertos y ferrocarriles, dos sectores estratégicos para atender el crecimiento de las exportaciones, la relocalización de empresas y la integración comercial con Estados Unidos.

El aumento de la actividad manufacturera exige mejores conexiones entre parques industriales, cruces fronterizos, terminales marítimas y centros de distribución.

Esta necesidad vuelve especialmente atractivos los proyectos que puedan generar ingresos estables mediante tarifas, derechos de uso o contratos de largo plazo.

La combinación de energía y logística podría convertir a México en uno de los principales mercados latinoamericanos para los fondos de infraestructura.

BlackRock ya conoce el mercado mexicano

La presencia de BlackRock en México no es nueva.

En 2018, la firma adquirió el negocio de administración de activos de Citibanamex, fortaleciendo su posición dentro del sistema financiero nacional. Además, Global Infrastructure Partners había desarrollado inversiones energéticas incluso antes de integrarse completamente a BlackRock.

Esta experiencia le proporciona una ventaja frente a competidores que apenas están construyendo relaciones y conociendo las reglas del mercado local.

La gestora también cuenta con la capacidad financiera y política para sostener un diálogo directo con las autoridades. Sergio Luna, economista jefe de Grupo Financiero Mifel, destacó que una empresa del tamaño de BlackRock puede acceder con facilidad a los niveles más altos del Gobierno.

El Gobierno ofrece respaldo a proyectos estratégicos

La administración federal busca reducir los riesgos para los inversionistas mediante una cartera de proyectos considerados estratégicos.

De acuerdo con Ana Lilia Moreno, especialista de México Evalúa, los proyectos incorporados a esa cartera reciben acompañamiento gubernamental para acelerar permisos, procesos regulatorios y decisiones administrativas.

Este respaldo puede resultar decisivo para firmas como BlackRock, que necesitan claridad sobre los plazos, reglas y condiciones de operación antes de comprometer capital.

No obstante, el éxito del modelo dependerá de que el Gobierno convierta sus planes en proyectos técnicamente viables, financieramente atractivos y jurídicamente sólidos.

Una disputa que definirá la infraestructura del próximo sexenio

La competencia entre BlackRock, Apollo, KKR y otras gestoras no es únicamente una batalla empresarial.

También determinará quién financiará, construirá y operará parte de la infraestructura que México necesitará durante las próximas décadas.

El país requiere energía suficiente, redes eléctricas modernas, puertos con mayor capacidad, nuevos corredores ferroviarios y sistemas logísticos capaces de responder al crecimiento industrial.

El Gobierno necesita capital privado para acelerar esas inversiones, pero busca mantener el control sobre los sectores estratégicos.

Las gestoras, por su parte, están dispuestas a participar, siempre que encuentren proyectos rentables, reglas estables y condiciones jurídicas confiables.

BlackRock ya colocó sus piezas sobre el tablero. Cuenta con activos, relaciones institucionales, experiencia y capacidad financiera. Lo que todavía falta es que el Gobierno mexicano convierta su programa de 5.6 billones de pesos en una cartera suficientemente amplia y atractiva.

Si eso ocurre, México podría vivir uno de los ciclos de inversión en infraestructura más importantes de su historia reciente. Si no, la competencia entre los grandes fondos quedará limitada a proyectos menores y promesas sin ejecutar.

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